jueves 23 de febrero de 2012

LA AVENTURA DE HUGO: MÉLIÈS SEGÚN SCORCESE



La Invención de Hugo Cabret no puede ser comprendido simplemente como una más de esas películas que grandes y chicos pueden ver juntos en un momento de descanso. Scorcese cuya versalitilidad le ha permitido explorar casi todos los géneros cinematográficos se da una licencia creativa que va más allá de la simple intención de entretener a grandes y chicos en tres dimesiones: La aventura de Hugo en tres dimensiones no es más que una excusa para introducirnos en el mundo creativo de Martin Scorcese, sus influencias, los orígenes del cine, y especialmente la intención de éste por revindicar el legado de George Méliès. El cine de hoy no habría sido posible sin el impulso creativo y el rupturismo de Meliés y de Lumiere. Ni Scorcese, ni otros de su generación como George Lucas o Steven Spielberg podrían haber creado obras maestras sin ese impulso inspirador que representa George Méliès. Quienes estábamos sentados y con los lentes puestos vivimos una historia dentro de una historia.

Scorcese, tal como en A Personal Journey with Martin Scorsese Through American Movies (1995) , nos habla de esto a través de Hugo Cabret. Tras la muerte de su padre, relojero de una muy concurrida estación de trenes, Hugo queda huérfano y asume su lugar. Sabe que tiene que enfrentar a varios riesgos, especialmente el de concluir un proyecto inconcluso como el de reparar un robot autómata. Busca pieza por pieza por todos los rincones de la estación, arriesgando incluso su vida. Un relojero –que al final de cuentas es George Meliés- siente curiosidad y desprecio por la forma en la que Hugo emprende su búsqueda, lo sanciona y le quita el libro donde Hugo seguía al pie de la letra las instrucciones de su padre. De ahí, la rebeldía de Hugo se torna aún más intensa. Hugo busca ese libro sabiendo que ahí estaban las claves de un secreto oculto. Es en eso que se encuentra con Isabel, cuyo rol en la historia es decisivo. A partir de esto, descubrimos una innumerable cantidad de simbolismos en la aventura de Hugo: El policía que con apetito insaciable persigue y encarcela a los vagabundos, las pesadillas que sueña Hugo, el autómata que Hugo trata de reparar(¿Hay acaso también una referencia a Metrópolis (1927) de Fritz Lang?), la diversidad de personajes que hay en la terminal, el policía que persigue a los vagabundos, las películas que clandestinamente Hugo e Isabel ven en el cine, el hecho de que la acción transcurra en una terminal o la forma en cómo a través del autómata nos habla de Un Viaje a la Luna (1902) de Méliès y de cómo éste tras la fama debió enfrentar las consecuencias de la I guerra mundial, el olvido y la evolución del cine como industria y como avance tecnológico.




Muchas preguntas quedan abiertas tras ver esta película. Es cierto que la evolución del cine a través de los años ha permitido a los cineastas innovar con nuevas técnicas tanto en la parte narrativa como en el producto en sí. Méliès es un personaje decisivo al concebir el cine ya no simplemente como una sucesión de cuadros por segundo resumido en una secuencia sino como un arte dinámico. La Invención de Hugo Cabret (2011) es un redescubrimiento hacia una historia que pocas veces nos detenemos a revisar, la de una generación de artistas y realizadores que creyeron en el cine y que transformaron a este en una fábrica de sueños e ilusiones. Scorcese parece invitarnos a volver a esas raíces, a una magia que resulta necesaria en tiempos de crisis.

domingo 15 de enero de 2012

BOMBAL: MÁS ALLÁ DE LA PELÍCULA



A raíz de la película chilena Bombal, protagonizada por Blanca Lewin y estrenada hace algún tiempo, ha habido una creciente discusión y controversia y al mismo tiempo un redescubrimiento respecto de la vida y obra de la escritora María Luisa Bombal (1910-1980). No resulta fácil a la vista de los hitos de su obra y su vida resumir su legado y destacar sus méritos como escritora en términos estilísticos y temáticos. Para entender a Bombal partamos por comprender qué pasaba en Chile en la década de 1930. En la década de 1930, Chile vivía un escenario difícil en términos políticos y sociales dados los costos de la gran depresión de 1929, la invención del salitre sintético y las tensiones políticas y caudillismos que hicieron de esa década una época convulsionada. Al mismo tiempo ser mujer no era fácil por los prejuicios existentes y el machismo imperante. Eran los inicios del movimiento sufragista que en la década de 1940 con Elena Caffarena y Amanda Labarca lograron su objetivo al hacer posible que miles de mujeres tuvieran la posibilidad de decidir y votar en unas elecciones libres y de participar en las decisiones importantes del país. Chile no estaba ajeno a la coyuntura internacional. Bombal vive y crece durante toda su infancia y adolescencia en Paris, ciudad donde reside entre 1918 y 1931, y donde es testigo y parte de lo que fue la primera parte del periodo entre las dos guerras mundiales y de una serie de movimientos culturales que revolucionan las artes y letras. Bombal llega a Chile con otras ideas, con una formación muy distinta. Viene con los vientos del modernismo, del surrealismo, del cubismo y de todas aquellas innovaciones que se venían dando en el París de ese entonces. Conoce en su regreso a Eulogio Sánchez Errázuriz, una figura muy contradictoria y muy difícil de entender, un amor fulminante del cual se transformaría en una obsesión para María Luisa Bombal. Bombal en Chile nunca se sintió muy cómoda con el ambiente que había en el Chile de ese entonces. Su literatura no fue muy comprendida en su momento: es rupturista, es atemporal, tiene un lenguaje simple y gráfico, es modernista, la estructura de sus historias nos embruja, nos lleva a lo más profundo de nosotros mismos, hay fragilidad, hay una violencia difícil de describir en palabras, sus personajes tienen evidentes clarooscuros. Bombal es capaz de romper con el formalismo. Bombal nos da las claves de una vida cargada de pasión. Es el profundo erotismo y sensualidad de La Última Niebla. Es el mensaje subliminal de El Árbol. Es la fe y la fragilidad en La Amortajada.

Cada paso, cada evento en la vida de Bombal marca un giro en su carrera. Luego de una separación dolorosa como consecuencia de un intento de suicidio, Pablo Neruda la lleva a Buenos Aires donde empieza a dar sus primeros pasos en grande. Logra publicar sus primeros libros (La Última Niebla y La Amortajada), escribe junto con Carlos Aden el guión de la película La Casa del Recuerdo (1940), película protagonizada por la icónica Libertad Lamarque; conoce la movida intelectual de Buenos Aires donde se relaciona con personajes clave de la literatura latinoamericana como Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges. Pese a eso, pese al éxito en la capital federal, regresa a Chile, un regreso que terminaría abruptamente a consecuencia de su obsesión con Eulogio Sánchez. Es 1941 y Bombal es protagonista de su propia historia. Intenta vengarse a la salida del Hotel Crillón, dispara tres veces. Eulogio se salva. Horas después es imputada y encarcelada, pero meses después, Eulogio Sánchez Errázuriz la exculpó. Bombal es absuelta por la justicia. El episodio marca un antes y un después para Bombal. Es el inicio de un largo autoexilio.

Este largo autoexilio comienza poco después de su absolución. Bombal se va a Estados Unidos. La segunda guerra mundial había comenzado hace rato. Estados Unidos se constituye entonces en un polo de atracción para cientos de intelectuales que huían de los horrores de la guerra. Era el faro en medio de la oscuridad. Los primeros años de Bombal no fueron fáciles a consecuencia de lo traumático que fue vivir en Chile una obsesión fatal y pagar un precio caro por ella. Conoce a Raphael de Saint Phalle, se casan dos años después, tienen una hija, Brigitte. Su producción literaria en esos años no deja de ser llamativa. Bombal trata de revindicarse. De esos años datan obras como The House of Mist o La Historia de María Griselda. Paralelo a ello trabaja para la UNESCO, escribe guiones para el cine de Hollywood, proyectos que quedaron en nada producto del azar y del contexto de ese entonces (era también el fin de la segunda guerra mundial y los inicios de la guerra fría). Algunos dicen que Bombal dobló a Judy Garland en The Clock (1945) de Vincente Minelli, pero no hay evidencias de ello como revela IMDB. Es la década de 1940 y ser latina en Estados Unidos y en Hollywood era sinónimo de Carmen Miranda y Frida Kahlo. No era fácil tampoco ser latina y escritora en aquellos años. Bombal otra vez era un pez fuera del agua.

Sus últimos treinta años son de clarooscuros. Bombal sigue escribiendo pero ya no con la misma intensidad de antaño. Poco después de la muerte de su marido, Bombal vuelve a Buenos Aires. Las cosas habían cambiado. Era 1969, año en que el Apolo 11 pisa la luna, época de revoluciones y de cambios sociales, de Vietnam, de la primavera de praga y de una guerra fría en su punto más álgido. Su relación con Chile no deja de ser compleja, a ratos marcada por la nostalgia, a ratos estigmatizada por el impacto de aquel incidente en el Hotel Crillón en 1941, a ratos con una preocupación profunda con los hechos que ocurrían en el Chile de ese entonces. En 1972, Bombal concede una entrevista que podría considerarse como un testimonio vivo de lo que representa como escritora.



Sus días finales podrían considerarse como contradictorios y extraños, marcados además –según sus biógrafos- por la depresión y el alcoholismo. Regresa definitivamente a Chile en 1973 en medio de la convulsión política que se vivía y del dramático y crudo golpe de estado acontecido en septiembre de ese año. No era primera vez que pisaba tierra en circunstancias complejas. Bombal siente una profunda necesidad creativa a pesar de todo. Escribe varios cuentos e historias, muchas de ellas aún inéditas, algunas incompletas tras su fallecimiento, y no descubiertas hasta el día de hoy. Confiesa sentirse aún activa y vigente. Se desenvuelve en un ambiente cultural que se tornaba frío, solitario y extraño a raíz del exilio o desaparición de muchos artistas e intelectuales. Paradójicamente logra cierto reconocimiento. Es premiada en 1978 con el Premio Regional de Literatura Joaquín Edwards Bello, es un nombre fijo para ganar el Premio Nacional de Literatura, pero no gana. En 1980 deja este mundo tras una vida tan intensa, tan frágil y tan intrigante como la de sus historias.

REFERENCIAS

Guerra-Cunningham, Lucía. (1996). María Luisa Bombal: Obras Completas. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello.

Memoria Chilena. María Luisa Bombal (1910-1980). Web. n.p. http://www.memoriachilena.cl/temas/index.asp?id_ut=marialuisabombal(1910-1980)